donde no lleguen

ni rumores de la guerra,

donde me sorprenda el rojo

en un atardecer

sin remordimientos,

donde no tenga que decir

mi nombre verdadero

ni lo recuerde,

donde solo añore

el olor del pastel de manzanas,

las canciones de mi madre

un millón de años atrás

y el dulce aroma perdido

de mi país,

donde nadie espere ni pregunte ni calle

lo que no sabe,

donde no te encuentre

ni en mis sueños,

lejos,

así de lejos

voy a estar

solo

con tu ausencia.

Carlos Aprea

apenas asomaron de la tierra,

pequeñas hojas verdes,

apenas desplegadas,

un descuido del verano

las secó,

fin de una ilusión,

no se verán en casa

esas flores

que nos conmovieron en la casa del Sur,

en su lugar,

una pequeña vasija negra,

tréboles salvajes,

regados sin pasión ni sentido,

como un túmulo ajeno,

pasó un largo verano y

un otoño helado,

y ahora que el invierno

a  penas ilumina los días,

asoman otra vez los brotes,

perseverancia de las semillas,

mas fieles que la ilusión.

Carlos Aprea, 2008