Pedro Godoy

Milonga de los Caminos

aerosúplica marina (fragmento)

¡Tu sangre, Mar! ¡Tus lágrimas alcanza

para comprar mas fábulas!… Hacia los frutos nuevos:

La novia nueva no chista la mañana

cargada de preguntas…

Son momentos terribles. En que parece que un dios feroz,

desconocido implacable nos arrastra de la mano

hacia hallazgos ocultos en nosotros…

Indomables susurros susurrándonos,

de un puerto donde es una insensatez estar en contra…

El mar, tuvo familia esta mañana: un caracol vacío.

Entre lejanas lunas… La locura de una pintura abstracta

sobre la tela de una golondrina volando.

¿El Mar? ¿La Mar? La rosa bisexual… Y la tintura

Junto al mar, todos los cuerpos tienen olor A Mar… amar…

Hasta fundirnos en el crisol ardiente de la arena,

el sol rebota sobre el mar como pelota.

¡La soledad del mar…! Copa pura donde la especie

Escancia sus gotas de placer y de dolor… Huir…

Cien mil cabezas para un solo ojo retozando de lujuria.

El ocio cálido. El monstruo cuerdo impera…

¡Que en inefable santidad el arte se acueste con la vida

proclamando la infancia eterna del instinto!

Sobre Pedro Godoy

“¡Este banco está tomado! ¡Deberán escuchar poemas!”

Pedro Godoy fue un poeta en todo el sentido de la palabra. Tuvo diversos oficios; fundamentalmente fue panadero. Su especialidad: el pan dulce. También fue croto, albañil, pintor de brocha gorda, cuidador de coches. Se lo vinculó a los poetas sociales de Boedo, publicó en la colección Los Poetas , de Editorial Claridad . Desde muy joven se vinculó con el pensamiento anarquistas, colaborador de La Protesta y otras publicaciones libertarias, conoció las miserias de la opresión y las persecuciones.

Fue apreciado por Luis Franco, Alvaro Yunque, Samuel Eichelbaum, Diego Abad de Santillán, Luis Danussi, Guillermo Korn… Hijo natural, de ascendencia gitana e indígena nació con el siglo XX, 1900 y murió en 1986. Siempre postuló la libertad, la vida sin prejuicios, el viento y la lluvia sobre su mirada. Y una mujer a quien amar, una compañera que soñara junto a él.

Alfredo Pippig, Ernesto Sábato, Osvaldo Bayer o Luis Di Filippo me hablaron siempre con cariño y admiración. Los últimos años de su vida se fue a vivir a Mar del Plata, en una carpa, muy cerca de Barranca de los Lobos. Leía a San Juan de la Cruz y se sentía más ácrata y solitario que nunca. Exaltaba la vida libre y el surrealismo mientras leía sus poemas frente al mar, frente a las olas, en la playa, solo y múltiple. Un día, en los años 70 me propuso hacer la toma de un banco con varios poetas para que la gente no viviera alienada. Debíamos entrar al grito de: “¡Este banco está tomado! ¡Deberán escuchar poemas!”

Publicó A cara o cruz (1926), Vidrio de punta (1928), Brocha gorda (1932), No hay lemas (1953) y Milonga de los caminos (1969).

Carlos Panelas (extraído de aquí )

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