poemas


Desde aquí,

pobre papel nervioso por nacer.

palabritas gastadas, huérfanas, robadas,

poema que abre interrogación

y espera.

Como ha esperado, tanto.

Se pregunta y espera

que alguien le recuerde

la vieja luz del mundo.

Es hora de olvidar.

Dolores que no cesan,

es hora de olvidar,

desde aquí,

serán

de cualquier modo,

la caja negra en el fondo del ropero,

ese agujero insaciable que algunos llaman alma,

sombra hasta el final de toda sombra,

causa elemental,

razón de un cuerpo maltratado

por todo lo vivido,

explicación y consuelo de moribundo.

Pero es hora de olvidar.

Orilla del río de la sangre,

ahogar a la

derrota

en el cauce que corre

junto a los nomeolvides,

abortar a la madre de los dolores.

Asesinar

a quien no ha dejado de parir,

año tras año,

desconsuelo.

La corriente abrazará por igual

a cada uno de sus hijos,

reconocerá a los justos,

disolverá la falsa descendencia,

La Historia y sus recaudos,

sus visiones y sus revisiones

y el diablo en los detalles,

ya puede hacerse cargo.

De las incongruencias de múltiples relatos,

de las miserias del sobrevivir,

cálculo y razón y sospecha despejada,

profilaxis social, versiones

para futuros escolares,

la crítica ilustrada, el sopesar, la astucia,

pueden hacerse cargo,

sobra el material y hay que rendir cuentos claros

al orden social, a la república.

Es hora de olvidar,

de no nombrarte más,

que te vayas de aquí

a ese otro sitio,

para que dejes lugar,

para que crezca  renazca  persevere

la antigua luz del mundo

sobre los ojos nuevos,

nuestros anhelados lazarillos.

Ellos abrirán el porvenir

y empezarán de nuevo.

Nuestra querida verdad será al fin liberada

de nosotros mismos, como debe ser.

Carlos Aprea

donde no lleguen

ni rumores de la guerra,

donde me sorprenda el rojo

en un atardecer

sin remordimientos,

donde no tenga que decir

mi nombre verdadero

ni lo recuerde,

donde solo añore

el olor del pastel de manzanas,

las canciones de mi madre

un millón de años atrás

y el dulce aroma perdido

de mi país,

donde nadie espere ni pregunte ni calle

lo que no sabe,

donde no te encuentre

ni en mis sueños,

lejos,

así de lejos

voy a estar

solo

con tu ausencia.

Carlos Aprea

apenas asomaron de la tierra,

pequeñas hojas verdes,

apenas desplegadas,

un descuido del verano

las secó,

fin de una ilusión,

no se verán en casa

esas flores

que nos conmovieron en la casa del Sur,

en su lugar,

una pequeña vasija negra,

tréboles salvajes,

regados sin pasión ni sentido,

como un túmulo ajeno,

pasó un largo verano y

un otoño helado,

y ahora que el invierno

a  penas ilumina los días,

asoman otra vez los brotes,

perseverancia de las semillas,

mas fieles que la ilusión.

Carlos Aprea, 2008

II

 

si tus ojos

solo tus ojos

no hablaran,

nada me sostendría

nada de lo que existe

resistiendo la nada

a contrapelo

de la entropía devoradora

que nos consume

sin remedio

 

nada

de ese efímero fluir

al que llamamos vida,

nada

de ese despertar

que suscita la belleza

cuando nos sorprende,

nada

de ese impulso por sembrar

en los desiertos,

nada

 

nada,

solo tus ojos

 

y el nítido recuerdo

de tus ojos

cuando ya no estas.

                                Carlos Aprea, 2007