Vivo en una ciudad orgullosa de su diseño, de sus plazas equidistantes, de sus avenidas y diagonales y sobre todo de sus innumerables tilos, que regalan su perfume todos los noviembres, como esas promesas que solo la naturaleza puede cumplir. Gracias a un amigo y excelente poeta y traductor, Juan Octavio Prenz, conocí a otro poeta inmenso: Vasko Popa, nacido en Yugoslavia en 1922 (Yugoeslavia existió y debió ser muy bella…), él también recordaba a estos árboles de copa hermosa, de perfume inconfundible y de duendes. Aquí van dos de sus poemas:

Canción de la joven verdad

Cantaba la verdad en lo oscuro

En la cumbre del tilo en medio del corazón


El sol madurará decía

En la cumbre del tilo, en medio del corazón

Si los ojos lo iluminan


Nos reímos de la canción

Atrapamos y sujetamos la verdad

Y bajo el tilo la degollamos


Los ojos estaban ocupados

Afuera en otra oscuridad

Y nada vieron

El tilo en medio del corazón

El tilo florecido en medio del corazón

Bajo el tilo sepultado un perol

En el perol doce nubes

En las nubes el joven sol

Cavamos por el perol en el corazón

Exhumamos doce nubes

El perol huyó con el sol

De una hondura a la otra

Con los ojos absortos miramos la última hondura

Más profunda que la propia vida

Dejamos de cavar

Talamos el tilo para calentarnos

Hacía frío en torno al corazón.

(Ambos poemas de “Cielo secundario”, publicado en 1968 en servocroata y traducidos por J. O. Prenz en “Vasco Popa POESÍA”, FCE, México, 1985)

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