II

 

si tus ojos

solo tus ojos

no hablaran,

nada me sostendría

nada de lo que existe

resistiendo la nada

a contrapelo

de la entropía devoradora

que nos consume

sin remedio

 

nada

de ese efímero fluir

al que llamamos vida,

nada

de ese despertar

que suscita la belleza

cuando nos sorprende,

nada

de ese impulso por sembrar

en los desiertos,

nada

 

nada,

solo tus ojos

 

y el nítido recuerdo

de tus ojos

cuando ya no estas.

                                Carlos Aprea, 2007

 

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